Nuestro andar nos hizo curanderos, terapeutas, chamanes conocedores de los secretos y dones que proporciona la naturaleza...
Desde la India milenaria hasta Andalucía y África, pasando por tierras nórdicas y eslavas, mi familia se asentó en el siglo XV en las faldas del Monte Sacro, en un valle llamado Valparaiso, que hoy todos conocemos como el Sacromonte. Este barrio, emblemático de Granada, es una de la cunas más populares de las castas gitanas españolas.
Desde generaciones, mi familia apodada « Los Pitirili » guardan y transmiten un arte adivinatorio basado en la videncia, la lectura y la interpretación del Tarot de Marsella. Arte complejo, luminoso que mi abuela, «la Pitirila» me enseño en toda su complejidad y siempre desde la bondad.
Este largo viaje, el de los gitanos por el mundo, nos hizo adquirir capacidades interpretativas basadas en el sincretismo, en las tradiciones adivinatorias de los países visitados durante nuestro peregrinaje nómada, pero siempre amparadas por un fervor religioso católico.
Entre las múltiples diferenciaciones que existen entre todos los gitanos del mundo, prevalece una universales basada en los 4 metales fundamentales: el oro, la plata, el cobre y el hierro.
Yo, «gitana de plata», ejerzo profesionalmente como vidente utilizando las enseñanzas de mi abuela, quién la heredó de la suya y así desde que mi familia tiene memoria.